#InésRamón - Amadas cadenas

Alumnos de la Asociación Las Cañas

Amadas cadenas


Hace años conocí a un hombre para quien el mayor orgullo de su vida era haber nacido en la misma casa, en la misma habitación y en la misma cama en la que habían nacido su padre y su abuelo. “Eso no lo puede decir nadie”, afirmaba. Allí había nacido, madurado, había sido padre y después abuelo; allí también, en aquellos días, empezaba a rebasar los ochenta con la templada certeza de que, en esa casa, en esa habitación y en esa cama habría de morir.

Cuántas veces no nos damos cuenta de que vivimos literalmente encadenados por estructuras mentales, ideas o creencias; cuántas veces los prejuicios son muros infranqueables que nos aíslan de los otros, cuántas veces los miedos nos paralizan, nos fijan a un casillero inamovible que nos impide evolucionar o, por lo menos, darnos la posibilidad de observar la realidad desde otra perspectiva.

Es bien conocida la “tozudez” maña, que, por supuesto, nada tiene que ver con la obstinación: ser “cabecica piedra” está muy bien considerado y tiene, paradójicamente, mucho que ver con la libertad. La libertad de hacer, sentir o decidir lo que las amadas cadenas nos permitan a quienes las portamos con insólita satisfacción.

Los alumnos del Taller de Poesía de la Asociación Las Cañas han reflexionado y escrito sobre la libertad. Ellos conocen una libertad interior, personal, que les permite soñar, ser otro, romper límites impuestos, ir siempre un poco más allá.

¿Hasta dónde llegarían mis manos si las tendiera hacia adelante,

hasta descubrir el vuelo?

¿Hasta dónde volarán los pájaros cuando olvidan sus nidos

y aprenden a buscar los vientos más audaces?

En mis manos anidan golondrinas, sin odios ni temores,

alas abiertas bajo el cielo.


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