#JoséRodríguez - ¿Es el colesterol tan malo?



Este artículo no pretende criticar ni el sistema de salud ni a los médicos, sino dar un poco de luz para que las personas conozcan mejor cómo funciona su cuerpo y cómo cuidarlo (es como si compráramos cualquier utensilio y perdiéramos unos minutos mirando la hoja de instrucciones).

Lo primero que tenemos que saber es que el colesterol es una sustancia grasa fundamental para nuestro organismo, no sólo como fuente de energía sino también como materia prima para las membranas de nuestras células o para la fabricación de hormonas muy importantes. Lo usamos tanto para combustible como para “recambios”.

Este compuesto tiene principalmente dos orígenes; en primer lugar las grasas de los alimentos que ingerimos y que pasan a la sangre. Y por otro lado las grasas que creamos a partir de reservas y que las vertemos al torrente sanguíneo.

Ambos van por la sangre y son captados por aquellas células que necesitan estos compuestos. Como la sangre es líquida y la grasa no se disuelve en los líquidos, se necesita que unas proteínas determinadas se unan a las moléculas de grasa para que puedan ir vía sanguínea hacia todas las zonas del cuerpo. Una vez hecha su función, deben ir al hígado donde son recicladas y reutilizadas o bien eliminadas.

Para hacer un símil, son como camiones (proteínas) que van llevando mercancías (grasas) de un lugar a otro y a medida que se van vaciando tienen que volver al almacén (hígado) para llenar combustible, verificar motor, reparar las averías…etc.

Es una manera de simplificar el ciclo, pero básicamente si en nuestro cuerpo todo funciona bien, así es cómo debería ser.


La mala fama del colesterol

Se cree que tener unos niveles altos de esta grasa, favorece la formación de placas de ateroma (ateroesclerosis), que son acúmulos que se forman en las paredes de las arterias disminuyendo su calibre y debilitando la resistencia de la pared arterial. De este modo se ven favorecidas alteraciones del sistema cardiovascular como infartos de corazón o ictus cerebrales. Por lo tanto, si esto fuera así, ya estaría bien fijarnos sólo en las cantidades de colesterol que tenemos en sangre. Pero en nuestra humilde opinión, sería como pensar que los bomberos son los culpables de los incendios tan sólo porque siempre están allí.

Para desarrollar mejor el tema, debemos introducir una nueva cuestión.
 

¿Colesterol bueno vs. malo?

Es como un mantra repetido miles de veces. ¿De veras hay que hacer esta división? Comúnmente se le da el papel de malo al colesterol LDL, “cuanto menos tengas mejor”. Pero no es del todo cierto, pues éste se encarga de llevar la grasa hacia aquellas zonas donde se necesita y una vez vacío, debe volver a reciclarse. Por lo tanto, su función es importantísima.

Y el papel de bueno se lo lleva el colesterol HDL, porque es una molécula que va recogiendo el exceso de grasa que se va quedando y o bien lo reparte por zonas donde no ha llegado o bien lo devuelve hacía el hígado para su reciclaje. Volvemos a decir que ambos son buenos (¡mejor que buenos... son indispensables!).

Uno es el camión que reparte las mercancías (LDL) y el otro (HDL) es un sistema de control y limpieza, por lo tanto, es perfecto (cómo casi todo en el cuerpo humano).


Pues entonces… ¿qué pasa realmente???

Hay determinadas circunstancias que hacen que los excesos de grasa no puedan ser reciclados, siendo básicamente dos.

En primer lugar la composición de la grasa. Hay determinados tipos de grasa que se oxidan muy fácilmente cambiando su estructura. Son aquellos provenientes de los aceites vegetales (exceptuando oliva y coco), cereales o productos procesados industriales. Del tipo Omega 6. No son sanos.

Los del tipo Omega 3 (de origen animal) son muy saludables ya que no se oxidan con facilidad. Mantiene su estructura de manera más eficiente.

En segundo lugar el nivel de glucosa en sangre. Las proteínas que hemos dicho que se necesitan para que la grasa pueda ir por un líquido, tienen afinidad por la glucosa y se unen a ella cambiando su estructura. Tener la glucemia por encima de 90 en ayunas (un alto valor de glucosa en sangre) es algo que favorece esta unión.


Las placas de colesterol

Así pues, si tanto la grasa como la proteína cambian su estructura, cuando llegan al hígado, no son reconocidos por los receptores específicos, no entran en él y siguen en la sangre (es cómo si los camiones volvieran al garaje de la empresa con diferente color y tamaño).

Y esto es lo que hace que aumente el colesterol en sangre.

Pero como ya hemos dicho que en el cuerpo todo es perfecto, hay un segundo mecanismo de limpieza de colesterol.
En las paredes de los vasos sanguíneos, se encuentran unas células llamadas macrófagos que intentan limpiar estos excesos de grasa y van acumulando en su interior toda la que pueden.

Si el ciclo no vuelve a la normalidad (si no es posible reciclar todo el colesterol), estas células, en su intención de limpiar todo el colesterol, se hinchan hasta su muerte y se van depositando en las paredes de las arterias y como si de una bola de nieve se tratara, el problema se va enquistando, dañando de manera importante las paredes de las arterias. Un dato desalentador es que estos procesos van apareciendo en gente cada vez más joven, sobre todo en aquellos países que tienen altos índices de obesidad. España es de los países con mayor porcentaje de obesidad infantil y juvenil.


Mejorar nuestra alimentación

Así que, si de verdad nos preocupa la salud de nuestro sistema circulatorio, no debemos demonizar al colesterol de manera sistemática (ojo, uno de los medicamentos más vendidos son las estatinas) sino vigilar de dónde obtenemos los nutrientes grasos que ingerimos (aumentar omega3 animal y reducir omega6 presente en alimentos procesados) y disminuir nuestros niveles de glucosa en sangre (que no lleguen a 90 en ayunas).
 
Para terminar, me gustaría aclarar que las bebidas lácteas que presumen de ayudar a bajar el colesterol no son más que un postre azucarado, con conservantes y colorantes que para nada mejoran nuestra salud y que aunque vengan recomendados y avalados por tal o cual asociación de prevención de enfermedades, debemos recordar que todo el mundo tiene un precio.■

 


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