Una cesta de la compra verde y ética

Annabel Roda - periodista freelance
enero 2021 CONSUMO SOSTENIBLE | COMERCIO JUSTO | BAJO ARAGÓN HISTÓRICO

Puesto de fruta y hortalizas en el Agromercado de Andorra. A.Roda

El consumo responsable palpa la realidad en el Bajo Aragón Histórico

Es último jueves del mes y la plaza del Regallo de Andorra bulle a causa del Agromercado Norte de Teruel. Un mercado que reúne en este mes de diciembre a siete productores y vendedores de verduras, huevos, pasta, conservas, cafés, utensilios de limpieza todo ellos en ecológico, mucho de ellos de km0 o de comercio justo. Llego a la plaza y toda la atención en ese momento está captada por un stand, el único que no vende productos sino que los enseña, los presenta y los cocina. Se trata del espacio de La Ojinegra, el restaurante y alojamiento turístico rural y ecológico ubicado en Alloza, que comparte -en esta ocasión- el espacio con los alumnos del ciclo de cocina del IES Pablo Serrano de Andorra. Son los futuros cocineros los que explican a los vecinos y vecinas, que se acercan curiosos a los fogones, cómo se pueden cocinar las verduras de temporadas que se encuentran en el mercado.

Y es que en esta plaza, aunque a primera vista se asemeje hoy a un mercado callejero tradicional, aquí se cuecen algo más que las verduras de temporada. Paseando entre puesto y puesto se huele que es un encuentro entre vecinos, escolares, instituciones, asociaciones… un espacio de participación, de aprendizaje y de concienciación sobre los beneficios del consumo ecológico y que lleva en pie una década.

De la red de mercados agroecológicos de Aragón, el de Andorra es el único que tiene lugar en el medio rural. Belén Soler, propietaria de La Ojinegra y una de las impulsoras del mercado junto a CEA ÍTACA-José Luis Iranzo, defiende que este mercado “va a ayudar mucho hacer una transición justa de lo negro a lo verde. Fomentamos este cambio agrario, de pasar de la minería -la cual ya sabemos que ha quedado en otro plano- hacia la ganadería y la agricultura. Pero claro, dándole toda la dignidad del mundo ya que no se valora al agricultor y al ganadero cuando es el sector primario el que nos da de comer, un hábito que hacemos cinco veces al día”.

Llenando la cesta de la compra en el mercado me topo con Marta Sancho, presidenta de la Comarca Andorra-Sierra de Arcos. Con gesto convencido, cuenta que este mercadoha servido para dar a conocer los productos que tenemos en la zona, de cercanía con una calidad excepcional y eso, además, ha repercutido a los productores de la misma zona. Antes no había tanto productor ni que vendiese directamente su propio producto”.

La realidad de los productores ecológicos difiere mucho de unas comarcas bajoaragonesas a otras. Según el Instituto Aragonés de Estadística de 2012 a 2018 en la comarca Andorra-Sierra de Arcos el número de hectáreas totales inscritas en Agricultura Ecológica no ha variado (351,4); en Bajo Martín y Bajo Aragón-Caspe incluso han disminuido. La otra cara de la moneda son Matarraña, Maestrazgo y Bajo Aragón. La primera contaba en 2012 con 2.259 hectáreas de agricultura ecológica y en 2018 con 2.821; en el Bajo Aragón se han pasado de 1.849 a 2.171 hectáreas. La gran sorpresa es el Maestrazgo cuyo aumento es el más notable con tan solo 150 hectáreas de cultivo ecológico en 2012 a tener 1.587 en 2018.


Cultura gastronómica

Belén Soler, que gestiona con su pareja, Xavi Poncelas, La Ojinegra, ese pequeño establecimiento de turismo rural y sostenible con restaurante en un pueblo que resiste con 558 vecinos empadronados tras perder 238 en lo que va de siglo, fue una rara avis cuando arrancó hace ya una década. Levantaron con este proyecto la primera casa rural de la comarca de AndorraSierra de Arcos en la que desde el jabón a la ropa de cama tienen sello ecológico y donde en el huerto de la casa crecen especies autóctonas como la judía de Muniesa o la calabaza de alma del Bajo Aragón. Una vez dado el salto al restaurante con un menú a base de productos ecológicos se dieron cuenta que “era una tontería tener un restaurante ecológico y que la gente, luego, no pudiera seguir consumiendo ese tipo de alimentación vinculada a nuestra zona rural”, cuenta Belén con una sonrisa enérgica dibujada en sus ojos que contagia a cualquiera.

Lo que se cocinaba en La Ojinegra tejía red con otras pequeñas empresas de la zona que compartían valores hasta que Belén y Xavi junto con el grupo de acción local y el CEA Ítaca se pusieron manos a la obrar para cimentar las bases de un circuito corto de productos agroecológicos. “Lo importante es colaborar e intentar contactar con gente del territorio”, señala ella.

Esa “gente del territorio” son productores como La Huerta En Casa, que cultiva verduras autóctonas en Mas de las Matas; Matarrania Cosmética 100% Bio, la cual fabrica cosmética ecológica en Peñarroya de Tastavins; Huevos La Brizna, que producen huevos ecológicos en una granja de bioconstrucción en Villel; o bien, Quesos Los Santanales, que fabrican queso artesano en Ejulve. Aunque la lista de productores que casan con la agroecología -que no es otra cosa que la aplicación de los procesos ecológicos al sistema de producción agrícola y alimentario- es larga y se extiende a lo ancho de todas las comarcas bajoaragonesas. “Nosotros consideramos que tenemos que consumir siempre lo de Teruel, lo local; lo que sería lo más cercano”, dice Belén.

A la divulgación de los beneficios de la agroecología y su consumo local se suma el cuidado de la biodiversidad del territorio y su divulgación. “Aquí hacemos cultura gastronómica”, dice con ímpetu la propietaria de La Ojinegra. “Nosotros nos encontrábamos, al principio, que la gente no sabía qué era una chicoirra, no quería comprar nabos, diferentes tipos de coles. No las quieren porque en su casa no se ha cocinado nunca o no saben cómo cocinarlo”. Con las actividades de cocina en directo en el agromercado se da a conocer el patrimonio alimentario del territorio. “Explicamos que toda esta variedad de especies las cultivaban nuestros abuelos. Pero se ha perdido porque en las tiendas comerciales esto no lo tienen porque es de producciones muy pequeñas, de huertas muy biodiversas”.

Una labor que esconde la protección y recuperación de semillas y verduras autóctonas cuyo cómplice es la Red de Semillas de Aragón. Una cuestión que no solo afecta a la realidad rural aragonesa. Según informaba la FAO (la agencia de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura) en su informe El estado mundial de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura de 2019 se ha perdido el 75% de la biodiversidad cultivada del mundo.


Comercio Justo

Este despertar por producir y consumir alejados de la productividad y eficiencia económica en el Bajo Aragón también lo encontramos en Alcorisa. Allí destaca un proyecto atractivo relacionado con la sostenibilidad, en esta ocasión en forma de apuesta por el Comercio Justo. Un grupo de trabajo conformado por personas procedentes del equipo municipal, de la asociación de empresarios, del grupo de acción local y de los centros educativos se lanzaron a la aventura por convertir Alcorisa en “Ciudad por el Comercio Justo”. Lo consiguieron.

El municipio acaba de ser premiado en el primer Concurso Estatal de Ciudades y Pueblos por el Comercio Justo, Ético y Sostenible en la categoría de Iniciativas de apoyo a la producción y comercio local, ecológico y justo. Una de sus impulsoras, María Pilar Espada, explica que hay más de 30 ciudades españolas en la red –en Aragón solo Zaragoza y Alcorisa, que todavía no es miembro de pleno derecho hasta que libre algunas trabas burocráticas–. Apoyan los productos de Comercio Justo, una forma alternativa de comercialización amparada bajo el sello Fair Trade reconocido a nivel global. Este garantiza que ese producto respeta el medio ambiente, lleva a cabo prácticas comerciales justas, ofrece buenas condiciones de trabajo, no discrimina por razón de género, ni existe trabajo infantil ni forzoso en sus producciones. El proyecto, partió de Chocolates Isabel, -la única productora de chocolate ecológico y de comercio justo de Aragón-, y de ahí se ha ido reproduciendo la venta y su conocimiento en otros establecimientos y espacios públicos.

“El objetivo de este grupo de trabajo es que se compre Comercio Justo aquí, en Alcorisa. Para eso necesitas que los puntos de venta entren al trapo”, cuenta María Pilar. La pregunta que surge acto seguido es: ¿cómo se hace? Esta miembro del grupo de trabajo y profesora en el Centro de Educación para Adultos repite constantemente “sensibilización”. “No vamos a cambiar las prácticas tan poco éticas de Nestlé ni de Nescafé, pero si la gente empieza a pedir café de Comercio Justo en el bar de aquí, al final el propietario tendrá que dar una opción y se pasará la bola al proveedor… Al igual que con el aceite de palma, mucha gente busca no consumirlo. Se trata de un cambio lento pero es el consumidor el que acaba decidiendo qué va a consumir”, señala la profesora alcorisana.


Más allá de la agroecología

Podría parecer que todas estas iniciativas compiten con la tienda del pueblo de toda la vida, sin embargo María Pilar Espada afirma con determinación que no va de competición sino de convivencia. Las tiendas de ropa, de decoración, de alimentación “pueden coger a proveedores que suelen usar, pero pueden tener una estantería de productos de Comercio Justo y el que quiera, pues va y lo compra. La única salida ahora mismo es Internet”. Para el grupo de trabajo, esa no es la solución: “tampoco se busca competir contra el comercio local, simplemente que convivan”, destaca.

Y es que este grupo pro Comercio Justo alcorisano pretende, entre otras cuestiones, visibilizar que cualquier producto puede ser producido de forma sostenible, justa y ética. Esa es la labor a la que se enfrenta en su día a día Mónica Ferrer, propietaria de la tienda EcoFashion en Alcañiz. “La gente cuando entra por primera vez a la tienda se sorprende. Desconoce que haya productos de higiene personal, de limpieza del hogar o utensilios de cocina ecológicos”. Mónica empezó su andadura con el producto ecológico a través de la ropa orgánica, sin embargo la realidad de la demanda y de la industria de la moda -la cual según la ONU es la segunda más contaminante del planeta produciendo más emisiones de carbono que todos los vuelos y transportes marítimos internacionales juntos- la hizo ampliar su línea de productos y dirigirse a los productos de cosmética y del hogar. “Estamos acostumbrados a tener cuatro, cinco o seis abrigos en el armario porque valen seis euros, pero ¿ese abrigo de dónde ha salido? No tenemos en cuenta que detrás de esos seis euros hay una niña que está haciendo ese abrigo por un plato de comida”, dice Mónica.

Un argumento y unas ideas que divulga y promueve cada vez que sale de su establecimiento en Alcañiz para irse a mercados como el de Andorra. “Si sales de la tienda, te toca debatir un poquito”, relata mientras comienza a recoger los productos de su puesto en el mercado. El reloj marca la una y media pasadas y los productores de la plaza del Regallo empiezan a recoger en equipo. “Gracias por la tortilla”, grita Belén a uno de los productores. “Somos una gran familia y esto va de cooperar y fomentar entre todos un cambio de modelo”, sentencia.



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