#NachoMartinez - ¿Irresponsables?

Un botellón en cualquier ciudad de España

Desde la reaparición de nuevos brotes de Coronavirus, asistimos a una campaña mediática que trata de responsabilizar a los jóvenes de la propagación de la enfermedad. Una vez más la pandemia, no inventa nada nuevo: criminalizar a la juventud es algo tan reiterado en la historia, como injusto en la mayoría de los casos.

Algunos dirigentes políticos, apoyados por sus terminales mediáticas desvían sus propias responsabilidades tildando a la juventud en su conjunto como irresponsables. Trasladando un discurso eximente para con ellos mismos, “si tenemos nuevos brotes y la pandemia vuelve a darse con virulencia será por la incapacidad individual para cumplir las normas y recomendaciones”.

Vemos imágenes de botellones, fiestas, playas atestadas. Es obvio, que este tipo de concentraciones en nada ayudan a evitar el contagio. Pero mientras vemos estas imágenes, omiten las de los vuelos sin ninguna distancia de seguridad, las de la sobreocupación del transporte público, las de los temporeros hacinados en condiciones infrahumanas, los trabajadores en los mataderos industriales y en tantos otros trabajos en los que es una quimera lo de mantener las distancias.

Pero sólo el ocio de unos pocos es irresponsable, no los gobiernos que han reducido el transporte público por la época estival, esos mismos que contratan curas en los hospitales y no a más personal sanitario, ni rastreadores para aislar los positivos. Esos mismos gobiernos que pretenden y favorecen la entrada de millones de turistas sin ningún tipo de control “como los vamos a molestar”, mientras se acusa a los que vienen en patera de traer la enfermedad. 

No son  los jóvenes los únicos  culpables de los nuevos rebrotes, son, en mayor medida, los intereses económicos de una minoría.


La cuestión del ocio en general y el juvenil en particular merecería una reflexión más profunda, solo apuntar que tras décadas en las que el sistema sólo ha enseñado a generaciones enteras un ocio basado en la masificación en sitios cerrados e insalubres, de repente, ahora, les decimos que se diviertan de otra forma, sin proponer una sola alternativa.

Poco se habla de que en Tudela (Navarra) ha habido un brote que se dio en una boda, parece ser que dos personas francesas desplazadas al evento acabaron por contagiar a 31 personas. También uno de los focos en Huesca parece provenir de una boda de lujo en una bodega del Somontano. Eso no merece titulares.

Esos mismos gobiernos que no hacen inspecciones en los centros de trabajo, y que permiten partidos de fútbol (ascensos de Tercera a Segunda B) con abrazos y revolcones incluidos. Por no hablar del lamentable ejemplo dado por la LFP (1ª y 2ª división) con el fallo de su protocolo y el riesgo que supone su actitud para las poblaciones que visitan. ¿Quién ha permitido y cómo se ha podido permitir la celebración de partidos de fútbol en el que el contacto directo es constante?

No son los jóvenes los únicos culpables de los nuevos rebrotes, son, en mayor medida, los intereses económicos de una minoría. No hace falta ser sociólogo para intuir lo que iba a suceder cuando se abrieran los locales de ocio nocturno, pero había que abrirlos para mostrar “normalidad”. Y claro, los jóvenes que no pueden permitirse tomar una copa en un lugar acondicionado, hacen botellón, y para algunos parecen criminales a exterminar. Lo dice uno que fue de la “generación de la litrona”, parece que los adultos en nuestra juventud éramos ejemplares comparados con los jóvenes actuales. 

Vemos imágenes de botellonesfiestasplayas atestadas. Es obvio, que este tipo de concentraciones en nada ayudan a evitar el contagio. Pero mientras vemos estas imágenes, omiten las de los vuelos sin ninguna distancia de seguridad, las de la sobreocupación del transporte público, las de los temporeros hacinados ,los trabajadores en los mataderos industriales y en tantos otros trabajos en los que es una quimera lo de mantener las distancias.

 


El discurso durante toda la pandemia, viene adornado por lo de que “vamos todos en el mismo barco”, que seamos responsables por el bien de todos. Únicamente, que en ese barco algunos van en primera y otros estamos en galeras, con un capitán, Pedro Sánchez, más amable que el anterior y que da un poco más de agua y pan a los condenados, mientras su lugarteniente, Pablo Iglesias, muestra su enfado y parece denunciar la situación. Eso no nos vale, hace falta más, los de galeras queremos vivir digna y decentemente. Recursos existen en el barco para poder conseguirlo, repartámoslos al igual que las tareas.■

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