Aquella primavera republicana

José Ramón Villanueva - Historiador - jrvillanueva@telefonica.net
mayo 2020  MEMORIA HISTÓRICA | II REPÚBLICA ESPAÑOLA | BAJO ARAGÓN

Una comitiva sube por la calle Mayor hasta la plaza de España en Alcañiz celebrando el comienzo de la II República en 1931
En estos días, confinados por la pandemia del Covid-19, ha tenido lugar el 89º aniversario de la proclamación de la II República española, aquel 14 de abril de 1931, un hermoso día primavera que trajo consigo un profundo cambio político y social a un país sediento de libertad, justicia y progreso.

La situación política previa

Por aquel entonces, y antes de la caída de la decrépita monarquía de Alfonso XIII, durante el primer tercio del s. XX, el Bajo Aragón estaba controlado electoralmente, mediante todo tipo de manejos y “apaños”, por la fuerte influencia de los caciques del Partido Conservador, como era el caso de Salvador Bermúdez de Castro (marqués de Lema) y, sobre todo, Rafael Andrade Navarrete, auténtico amo y señor del distrito electoral de Alcañiz entre 1903 y 1920. Por su parte, la oposición política se empezó a articular en torno a diversos Centros republicanos locales, siendo el de Mas de las Matas, fundado en 1909, el más antiguo de los existentes en la provincia de Teruel, mientras que en 1916 surgió el Partido Republicano-Socialista Autónomo de Alcañiz, el cual editó el célebre semanario Rebeldía en el cual no sólo difundió el ideal republicano, sino que se apuntan ideas anticlericales, en defensa de la clase trabajadora, del pacifismo o del feminismo incipiente.

Durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) tuvo lugar una reorganización de los grupos republicanos, se crean diversas Alianzas Republicanas y se funda el Partido Republicano Radical-Socialista (PRRS) en 1929, expresión política del republicanismo de izquierdas, que tuvo un especial arraigo en el Bajo Aragón. El 20 de enero de 1930 dimite el dictador en unos momentos en los que se agudiza el hundimiento de la monarquía alfonsina; en agosto de este año se firma el Pacto de San Sebastián, una unidad de acción de republicanos, socialistas y catalanistas de izquierda para impulsar la instauración de una República democrática y el 12 de diciembre, ya durante la “Dictablanda” del general Berenguer, tuvo lugar la sublevación republicana de Jaca. La monarquía es incapaz de volver a la normalidad constitucional y, por el contrario, se produce un claro robustecimiento de la alianza de republicanos y socialistas, más tarde conocida como Conjunción Republicano-Socialista (CR-S).

En esta situación, el almirante Aznar, nuevo (y último) presidente del Gobierno de la monarquía, convocó para el 12 de abril elecciones municipales, en teoría de menor importancia política que unas generales pero que, no obstante, tras la victoria de la CR-S en las principales ciudades españolas, supusieron la llegada entusiasta de la II República. Veamos lo sucedido en el Bajo Aragón.

Aquella hermosa primavera republicana, un período apasionante de nuestra historia reciente, frustrado por el rechazo y hostilidad a todo cambio progresista tanto por parte de la vieja derecha monárquica como del naciente fascismo, los cuales nos condujeron al abismo de la guerra.

Las elecciones del 12 de abril de 1931. El fin de la monarquía


En la provincia de Teruel, como en el conjunto de España, la victoria de la CR-S fue rotunda ya que obtuvo el 65% de los sufragios (1220 concejales republicanos y 76 del PSOE) frente a los 325 ediles monárquicos, a los que habría que añadir otros 276 que aparecen bajo la denominación de “varios” pese a ser también monárquicos, entre los que se incluiría el llamado Centro Constitucional, una amalgama de antiguos mauristas y regionalistas moderados afines a Cambó, cuyo principal dirigente era Emilio Díaz Ferrer, candidato a la alcaldía de Alcañiz.

Dicho esto, los resultados en las principales localidades bajoaragonesas fueron dispares. Así, se produjo una clara victoria de la CR-S en Alcorisa y, sobre todo en Valderrobres, donde la alianza de republicanos y socialistas arrasó al lograr copar las 11 concejalías del Ayuntamiento, siendo elegido alcalde Ramón Segura, el cual más tarde sería presidente de la Diputación Provincial de Teruel. En cambio, los monárquicos vencieron en Albalate y, sobre todo en Híjar, donde todos los concejales electos eran de esta filiación, razón que se explica por el fuerte peso del caciquismo local hasta el punto de que diversas alusiones en prensa se refieren a Híjar como la población “más reaccionaria” de la provincia. En otros lugares, el Centro Constitucional “amalgama de fervientes monárquicos” según la prensa de la época, obtuvo buenos resultados como fue el caso de Andorra (4 concejales junto a otros 3 monárquicos, frente a 3 republicanos y 1 socialista) o el de Calanda (6 concejales, además de otros 5 monárquicos y tan sólo un edil republicano).

Especialmente significativo sería el caso de lo ocurrido en Alcañiz donde la candidatura liderada por Emilio Díaz obtuvo 13 concejales y 3 los otros grupos monárquicos, quedando los republicanos sin representación en el consistorio. No obstante, estos atípicos resultados fueron fruto de múltiples manejos y arbitrariedades que ocultaban la verdadera realidad política local ya que los republicanos habían triplicado en votos a sus rivales (852 papeletas frente a las 278 de los partidarios de Emilio Díaz) quedando por ello excluidos de forma escandalosa del Ayuntamiento. Este hecho fue denunciado por Democracia, el órgano de prensa del republicanismo alcañizano al señalar que, “a fuerza de sobornos y coacciones impidió el caciquismo de la burguesía monárquica que los que se llaman pueblo cumpliesen los dictados de su conciencia” (Democracia, 31 mayo 1931).

No obstante, y al margen de este tipo de arbitrariedades caciquiles, el 14 de abril se proclamaba la II República y todos los pueblos y ciudades celebraron con entusiasmo el importante cambio político que estaba aconteciendo a la vez que el defenestrado monarca Alfonso XIII abandonaba España. A partir de este momento, los grupos políticos triunfantes agrupados en la CR-S asumieron, bajo la nueva bandera tricolor, el poder de las nuevas corporaciones locales. De igual modo, el Gobierno Provisional de la República declaró disueltos todos aquellos ayuntamientos en donde estos hubiesen surgido tras constatarse arbitrariedades electorales flagrantes, como era el caso de Mas de las Matas o Alcañiz, razón por la cual éstos fueron sustituidos por una Comisión Gestora interina, con el nuevo nombre de Junta Local del Gobierno Republicano, las cuales ejercieron sus funciones hasta la celebración de unas nuevas elecciones municipales parciales convocadas un mes después, para el 31 de mayo.

En el caso de Alcañiz, los nuevos comicios confrontaron a una candidatura republicano-socialista con dos listas afines a la recién caída monarquía: la Candidatura liberal-conservadora y la Candidatura Agraria, esta última promovida por la Asociación de Labradores. En cambio, ya no aparece el Centro Constitucional de Emilio Díaz pues, como señalaba Democracia en su número coincidente con la fecha de las elecciones, “el enemigo ha huido en franca desbandada visto el fracaso de su desmedida ambición”. Efectuada la votación, esta vez ya con plenas garantías democráticas, quedó patente la mayoría política republicana existente en Alcañiz, donde éstos obtuvieron 11 concejales (851 votos) mientras que los grupos de oposición monárquica se hicieron con los 5 puestos restantes. De este modo, el nuevo Ayuntamiento republicano de Alcañiz estuvo presidido por Román Gimeno (redactor –jefe de Democracia) y en el cual figuraba como 2º teniente-alcalde Julián Gil Cerdán, el cual ocuparía la alcaldía republicana de la ciudad durante los duros años de la Guerra de España de 1936-1939.

Por todo lo dicho, un mes después de la proclamación de la II República la mayor parte de las poblaciones del Bajo Aragón se habían decantado por apoyar decididamente a la nueva legalidad republicana. Excepción sería, una vez más, el caso de Híjar, al cual se alude como “el pueblo caciquil por excelencia”, hasta tal punto que la República no se proclamó en dicha población hasta el día 23 de mayo, a instancias de un grupo de 80 republicanos procedentes de Alcorisa y de Albalate.

Se iniciaba entonces, en aquella hermosa primavera republicana, un período apasionante de nuestra historia reciente, frustrado por el rechazo y hostilidad a todo cambio progresista tanto por parte de la vieja derecha monárquica como del naciente fascismo, los cuales nos condujeron al abismo de la guerra y recuperaron el poder, tras aplastar a sangre y fuego los ideales y a los defensores de la legalidad republicana, sentando las bases de la dictadura franquista, esta vez de la mano de Emilio Díaz, convertido ahora en principal jerarca de Falange en el Bajo Aragón.

Pero la primavera republicana, nunca marchitada, más pronto que tarde, retornará y florecerá en forma de una III República democrática, defensora de la justicia social, laica y plurinacional.■

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